Tal vez la ausencia de alguien con quien hablar, o la ausencia de palabras suficientes hacen que este espacio se vuelva cada vez más habitual.
O quizás es la necesidad de hablar.
O de escribir.
De dejar salir.
Pero no hay nadie que me escuche.
A veces no entiendo cómo hace la gente para decir que está mal.
Cómo hace la gente para pedir ayuda.
¿Cómo hace la gente para pedir ayuda?
¿Por qué no me sale?
¿Tendré algo mal?
Hoy es un día muy especial para mi.
7 de Junio.
7 d e j u n i o d e 2 0 1 3 .
No lo puedo expresar. No me salen las palabras.
¿Habrá palabras suficientes?
¿Se podrá expresar tanto dolor y angustia en palabras?
A veces pienso que no.
Y por eso me corto.
Me corto, supongo, porque las palabras no alcanzan.
No sanan.
Sólo duelen.
Me corto porque la vida sobrepasa aquello que se puede contar.
Aquello que las personas están dispuestas a escuchar.
Me corto porque queda corto lo decible.
Me corto porque me lo merezco.
Me corto porque puedo.
Me corto en pedazos. Y trato de volver a armarme.
Me corto en pedazos porque soy yo.
Me corto.
En presente.
Aunque sea en pasado.
Porque es un estado del que no puedo salir.
O no quiero.
O sí quiero.
Me corto, en presente, porque es algo no puedo soltar.
Algo que sigue vigente por más que pasen años.
En presente.
Ahora.
En este mismo momento.
Yo o ella.
O Él.
Me corto.
Se corta.
Me corta.
Ha pasado mucho tiempo y yo sigo con mi estuche de pastillas y filos por todos lados.
23 años y en mi mochila siempre los tengo.
Ellos no me escuchan pero hacen algo por mí.
Hoy, 7 de Junio, hace 5 años que me intenté matar por primera vez.
Y toqué fondo por primera vez.
Fondo que adopté como mi casa durante mucho tiempo.
Y a veces se extraña.
Y a veces se vuelve.
Cada vez más seguido voy a visitar a mis demonios.
A charlas con ellos y que me cuenten qué debería hacer con mi vida.
O qué no.
Hoy es un día en el que la angustia no me deja sola.
Ni la ansiedad.
Ni la tristeza.
Ni la melancolía.
Ni la nostalgia.
Ni las ganas de volver y quedarme ahí.
Quietita.
Llorando.
Culpando.
Pensando.
Ganas de volver porque seguir cuesta.
Y duele.
Es difícil. Muy difícil.
Quietita, para no lastimar alguien que no debo.
A lxs otrxs.
A mí sí puedo.
Llorando, porque es lo único que sé hacer bien.
Y lo hago seguido.
Culpando, porque hay situaciones que nos marcan.
Pensando, porque todo (siempre), todo, pasa en mi cabeza.
Hoy es un día en el que me quiero dejar caer.
Para no levantarme más.
Hoy es un día en el que necesito un abrazo.
Pero si me lo dan, todos esos pedacitos que soy se desparraman.
Hoy es un día en el que quiero dejar todo.
Mi vida. Mi carrera. Mis amigxs. Mi familia.
Hoy es un día que necesito decir basta.
Pero que alguien me escuche,
me abrace fuerte y me diga que,
si me rompo,
va a juntar mi pedazos para ayudarme a sanar.
Amy.