domingo, 22 de abril de 2018

#6

Pasaron muchos días. Seguramente pasaron meses, pero no estoy segura de cuántos.
Hoy volví acá sin saber bien qué decir, sin saber bien de qué hablar. Pero vine y acá estoy: tratando de llenar renglones con palabras. Y tratando de llenar palabras con sentimientos.

Pero ¿qué sentimientos?
¿Qué siento?
¿Qué no siento?
¿Por qué siento lo que siento?
¿Por qué siento esto y no otra cosa?
¿Por qué siento?
¿Siento?
¿Todavía siento?

Supongo que vine acá para poder contarle a alguien todo lo que estuvo pasando estas semanas. No sé si podré hacerlo del todo: todavía estoy tratando de procesarlo. Creo que viví uno de los días mas tristes, movilizantes e importantes de toda mi vida.
Me acabo de tomar unos minutos para saber si estaba en condiciones siquiera de escribirlo por acá, pero no puedo. Todavía me estoy recuperando de ese Jueves 11 de Abril. Y de ese Diciembre del 2011.
Sólo les voy a dejar una foto y les voy a contar lo que pasó después.



Hace semanas que no duermo bien. 
Hace semanas que no como bien. O no pruebo bocado en todo el día, o me doy atracones asquerosos en cualquier momento.
Hace semanas que sólo puedo pensar en todo lo malo que me pasa.
Hace semanas que veo bichos por todos lados y parece que nadie más lo puede ver.
Hace semanas que lo único que puedo hacer es sentarme, en silencio, y mirar un punto fijo.

Miro un punto fijo como tratando de encontrar algo. No logro entender lo que pasa a mi alrededor. No sé qué pasa, no sé cómo la gente hace para vivir en un mundo lleno de tristezas.
¿Cómo aguantan?
¿Cómo siguen?
¿Cómo hacen?
¿Cómo parece tan fácil desde afuera?
¿Acaso a mí sola me cuesta seguir de pie?

Miro un punto fijo tratando de encontrar algo. O a alguien. 
A mí...o a vos.
Me cuesta situarme en espacio-tiempo. Me cuesta entender que hay un mundo y que yo estoy en él.
¿Esta soy yo?
¿Soy?
¿Por qué no siento nada?
¿Qué día es hoy?
¿En qué año estamos?
¿Quién soy?
¿Qué hago?
¿Qué estudio?
¿POR QUÉ ME SIENTO COMO SI NO EXISTIERA?

Me quiero cortar. 
Me quiero quemar.
Quiero sentir dolor aunque sea.
Quiero poder llorar para apaciguar esta tristeza, pero ni eso me sale.
Quiero abrirme la piel.
Quiero abrirme la carne y ver que sale, hermosa y angelada, la sangre de mi cuerpo.
Roja. Oscura. Espesa. 
Libre.
Quiero abrirle la piel con tanta violencia y bronca que no quede espacio en mi cuerpo sin ser lastimado.
Profundas.
Muchas.
Rojas.
Ardiendo.
Temblando de lo hermoso que es saber que te estás haciendo mal. 
Quiero cortarme. La puta madre, necesito cortarme.
Necesito, de verdad. 
Me falta el aire de sólo pensarlo. 
Quiero cortarme.
Por favor, sólo necesito ver mi sangre correr.

Quiero matarme, también.
Pero, todavía, no lo merezco.
Merezco sufrir un poquito más.

Ojalá estuvieras acá para abrazarme. Como hacías en el 2013. 
Como siempre me salvabas. 
Ojalá estés bien.
Seguro estás trabajando, por eso elijo no molestarte: me pone feliz que hayas podido seguir con tu vida.
Ojalá todo el mundo pueda tener un mejor amigo como vos.

Y ojalá que todo el mundo nunca conozca a alguien como yo.

Amy.

martes, 19 de diciembre de 2017

# 5

Ya no me queda nadie.
Vos te fuiste, no estás, no contestás.
Lxs demás...siempre molesto.

¿Por qué todo lo que toco rompo? ¿Por qué todo lo que me hace bien se va?

Lxs dementes me acompañan.
Mis amigxs no me extrañan.

Amy.

martes, 12 de diciembre de 2017

# 3

Acá estoy otra vez. No escribí tan seguido estas semanas porque estuve preparando el parcial de una materia que me encanta pero que es bastante difícil. Teoría Psicoanalítica se llama, es todo sobre la teoría que desarrolló Freud. Lo conoces, ¿no?
Bueno, el tema es que estuve preparando ese parcial y no pude prestar atención a muchas de las demás cosas que estaba haciendo. Pero valió la pena, me saqué un 8.
Durante estas semanas estuve bastante bien: sólo estudié y estudié y estudié. Nada más.
De la Facultad a la casa de Gre, de la casa de Gre a mi casa, de mi casa a la casa de Gre y de la casa de Gre a la Facultad otra vez. Tengo una vida muy rutinaria y aburrida.
Venía bien, la verdad que semanas atrás habpia estado bastante mal, no dormí y lloraba por todo. Ahora, duermo mucho y sigo llorando por todo pero, no sé, me siento un poco más estable. 
¿Nunca te pasó quedarte mirando un punto fijo mucho tiempo pensando en la nada? Así estoy últimamente. Como ida. No es disociada, porque eso es peor. Pero es horrible, porque me cuesta relacionarme con la gente que tengo alrededor. Y eso que, normalmente, me cuesta bastante.
Mañana Gre rinde su primer final y me pone contenta por ella. Ojalá apruebe. Se esforzó muchísimo este año y de verdad se lo merece. Flor promocionó biología y por fin está preparando el final de Psicología 1. Pipi, sigue sin estudiar nada.
En cuanto a mí, aprobé todo menos Psicología Genética porque no la entiendo. Y si, me atraso otro año más. Ya 5/6 años atrasada. Vivo a destiempo en todo. Atrás de lxs demas. Primero ellxs, después yo.

Hoy, 12/12 es un día feo. Hace años es un día feo. Pero capaz otro día te lo puedo contar mejor. Sin llorar ni tener ataques de pánico. 

Gracias.

Amy.

sábado, 25 de noviembre de 2017

# 2

Hola, es la primera entrada que hago acá. O sea, ya sé que hay otra más antes que esta, pero esta es la primera que realmente escribo yo.
La entrada anterior, es una parte de un libro que estoy leyendo ahora, ¿sabes?. Se llama: "Mensajes en las paredes de los baños'', o "Mensajes en la pared del baño''. No me acuerdo si era en plural o singular, pero bueno, no es algo que importe mucho.
Como sea, copié esa frase del libro porque me pareció una buena forma de empezar este diaro-blog-carta-diario íntimo. Ese libro está escrito en forma de diferentes cartas, como el personaje principal no le habla a su psicólogo, le escribe cartas contándole cómo se siente y todas esas cosas que una persona normal le cuenta a su psicólogo.
Otro de mis libros favoritos está escrito así, "Las ventajas de ser invisible". Ese título sí estoy segura de que es así, es que realmente amo ese libro. Bueno, la cosa es que, también está escrito en diferentes cartas, todas dirigidas a una misma persona: su amigo.
Un personaje le escribía a su psicólogo porque no le hablaba; otro, a su amigo, porque no tenía muchxs amigxs en la vida real y era realmente torpe para relacionarse con lxs demás.
Yo soy una combinación de ellos dos: 1: No tengo psicólogo o psicóloga, por lo tanto no le puedo hablar. Y cuando iba, mucho no sabía expresarme. 2: No tengo a nadie. Bueno, a casi nadie. Estoy de novia hace dos años y tengo muy pocxs amigxs, pero sólo sé molestar y seguramente si les hablo a ellxs de mis problemas, molesto. Entonces, no, no tengo con quién hablar.
Y así es como nació esta idea, ¿viste?
Espero que vos me leas y no me juzgues. Que estés abierto a escuchar lo que sea que salga de mí, lo más lindo y lo más mierda también. Ya sé que no me podes abrazar, estás muy lejos (o yo soy la que está muy lejos de todo), pero con sólo escuchar haces algo. Hacés mucho más que cualquiera que esté acá. Hacés lo mismo que hacías antes, pero no sé qué pasó, que ya no pasó como solía pasar. Espero...espero mejorar. O espero no empeorar. La vida me enseñó a no tener tantas expectativas. Ojalá escuches y puedas entender. Y si no podes entender, ojalá puedas acompañarme. Porque siento que sola ya no puedo.

Love.
Amy.

viernes, 24 de noviembre de 2017

# 1

''Una vez me preguntaste de qué tenía miedo. No te respondí porque no tenía ganas. Hablar de eso me hace sentir patética. Pero, como es tarde y no puedo dormir, esto es lo que me viene a la mente cuando no puedo conciliar el sueño.
A esta altura, ya te habrás dado cuenta de que soy capaz de defenderme de cualquier cosa que pueda aparecerse en mi dormitorio en medio de la noche, pero continúo con los puños presionados y con la mirada alerta en busca de la fuente del chirrido que se oye por debajo de los tablones del suelo porque parte de mí aún cree que lo que veo y escucho es real. Que algo está intentando llegar hasta mí.
Me acuerdo de un cuento que una vez leí sobre un hombre que pensaba que la gente que viajaba en el mismo tren que él quería matarlo. Se había convencido de que todos podían leer sus pensamientos y que lo iban a sacar a rastras del vagón en la siguiente estación y golpearlo hasta la muerte.
Se encerró en el baño durante más de una hora. Finalmente, cuando el tren llegó a la siguiente parada, salió corriendo del compartimento a los gritos, dio un salto hacia el andén de la estación, no calculó bien y se abrió la cabeza contra el banco nevado que estaba por debajo.
Tenía treinta y siete años. Bastante joven como para morir.
He descubierto que, en la mayoría de las historias, al menos en las que he leído en la escuela, los trenes suelen tener algún significado que está relacionado con la aventura o con la muerte.
En un rincón de mi habitación, veo a un hombre de pie debajo de una sombra. Lleva un bombín negro y un bastón con la superficie curvada. A cada par de minutos, observa el reloj y me echa un vistazo.
- Ya es casi la hora - no deja de repetir de forma silenciosa -. Prepárate para correr. El tren está por llegar.
- ¿Ya es casi la hora para qué? - quiero preguntarle.
Pero él se limita a sonreír y mantenerse callado. No tiene que hablar.
Y, aunque sea un hombre escalofriante y me gustaría que se marchara, no le tengo miedo a él.
Tengo miedo de cómo eran las cosas cuando yo creía que él era real.
Tengo miedo de que, algún día, no sea capaz de observar el desfile de alucinaciones sin hacer lo que me pidan que haga porque temo que la medicina deje de funcionar. Y, si eso ocurre, todos tendrían buenos motivos para tenerme miedo.''